Estado Plurinacional de Bolivia

Esculturas de Bolivia

Esculturas de Bolivia

Tiwanaku

Las esculturas de Bolivia se remonta al periodo de Tiwanaku con las estelas antropomorfas como el Monolito Bennett que alcanza una altura de 7.3 metros de alto. Las estatuas son rígidas, de corte cuadrangular. Las figuras más conocidas se hallan en posición vertical, de pie, con las manos sobre el pecho. La cabeza es cuadrada y tiene bandas en relieve mientras que las orejas y la nariz se representan en forma de T. y los ojos son rectangulares, con grandes lágrimas.

En el complejo de Kalasasaya se encuentran otras esculturas como la Puerta del Sol y el Monolito Ponce. En la parte superior de la Puerta del Sol, hay un complejo friso en cuyo centro aparece la figura de un personaje ricamente ataviado, en posición frontal, que sostiene en cada una de sus manos un báculo con figuras de aves (águilas o condores) que se cree representa al dios Wiracocha.

Colonial

En Bolivia se conservan pocas imágenes del siglo XVI. De hacía 1570, y sevillana, es la magnífica Virgen de la Candelaria de la Catedral de La Paz.

El escultor más conocido es Tito Yupanqui, autor de la Virgen de Copacabana. Yupanqui nació en Copacabana en el siglo XVI. Viviendo en Potosí, estudió la obra del escultor Diego Ortiz y luego comenzó a tallar Vírgenes de madera como la Virgen de la Candelaria. De retorno en Copacabana, Yupanqui perfecciona su tallado retratando a la Virgen de Copacabana con material usado (maguey) y una técnica que entroncó la tradición indígena con la escultura española de la época. Después de Yupanqui, se destacan seguidores como Sebastián Acostopa y contemporáneos como Andrés y Gómez Hernández Galván, autor de los retablos de La Merced de Sucre y de Ancoraime. Su estilo tanto en lo arquitectónico, como en la parte de escultura muestra el renacimiento en su plenitud y el manierismo introducido por Bernardo Bitti.

Con la llegada del realismo de Sevilla llegan obras como la de Juan Martínez Montañés, quien es autor de la Pequeña Inmaculada de una vara que se halla en La Catedral de Oruro, y Gaspar de la Cueva cuyas obras son referenciadas por el historiador Arzanz y Orzua y Vela, destacándose la efigie Cristo Crucificado de Burgos que hizo Cueva para la iglesia de San Agustín de Potosí. Algo más distante de Montañes, es Luis de Peralta que firma un Cristo crucificado que se halla hoy en el Asilo de Ancianos de Potosí.

La influencia cuzqueña penetra en el Alto Perú con las obras del cuzqueño Julián, quien hacia 1650 envía una Virgen de la Candelaria que hoy se ve en la Parroquia de San Martín de Potosí. Las tendencias de Sevilla y de Cusco se ven en la obra del escultor indio Diego Quispe Curo, quien en 1657 firma un Cristo atado a la Columna que se halla actualmente en la iglesia de La Recoleta de Sucre.

Republicana

Hasta la creación de la Escuela de Bellas Artes de La Paz, no se hace escultura profesional. Durante la primera mitad del siglo XX se destacan Epifanio Urrias Rodríguez, Alejandro Guardia, Fausto Aóiz, Emiliano Luján, Hugo Almaráz, Víctor Zapana, el ceramista Manuel Iturri y principalmente Marina Núñez del Prado quien es considerada una de las más grandes escultoras de América Latina y que llegó a ser admirada por personalidades como Pablo Picasso y Gabriela Mistral. La obra de Núñez del Prado se distingue por el uso de estilizadas curvas (trabajadas en ónix, granito negro, alabastro, etc.), que simbolizan a la mujer (la silueta femenina, la imagen de la mujer, la mujer indígena, etc.), tema que ocupa un lugar central en su arte.

Más tarde, después de los años sesenta aparecen nuevos valores como Ted Carrasco, Carlos Rodríguez, Marcelo Callaú y David Paz, y más recientemente León Saavedra-Geuer, Francine Secretan y Gastón Ugalde. Todos estos artistas a excepción de Rodríguez y Saavedra-Geuer, hacen un arte inspirado en el mundo boliviano y los mitos andinos como los cóndores, el misterio de la vida y la muerte en eterna sucesión, el exuberante y lujurioso mundo de los trópicos, logrando obras de gran calidad y que definen acaso el arte boliviano mejor que la propia pintura.

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